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SANTA FE RECUERDA LA INUNDACIÓN QUE MARCÓ PARA SIEMPRE A LA CIUDAD

SANTA FE RECUERDA LA INUNDACIÓN QUE MARCÓ PARA SIEMPRE A LA CIUDAD

Actualizada: 29 de abril de 2026 - 08:42
Cada 29 de abril, Santa Fe vuelve a mirar de frente una de las heridas más profundas de su historia reciente: la inundación de 2003. Aquel día, el río Salado ingresó por el oeste de la capital provincial y dejó bajo agua a aproximadamente un tercio de la ciudad, arrasando barrios enteros y cambiando para siempre la vida de miles de familias. La tragedia se produjo en un contexto de lluvias intensas en la cuenca del Salado, suelos saturados y una situación hídrica extrema. Pero para los sobrevivientes, familiares de víctimas y organizaciones de inundados, no se trató solamente de un fenómeno natural. El punto más señalado fue el ingreso del agua por un tramo inconcluso de la defensa oeste, en la zona del Jockey Club y el Hipódromo, una falla que convirtió el avance del río en una catástrofe urbana de dimensiones históricas. El agua avanzó de manera rápida y desesperante. Muchas familias debieron abandonar sus viviendas con lo puesto; otras quedaron atrapadas, esperando ayuda en techos, escuelas, centros de evacuación o casas de vecinos. En cuestión de horas, miles de hogares perdieron muebles, documentos, ropa, herramientas de trabajo, fotografías y recuerdos familiares. Lo material se fue con el agua, pero también se quebró una parte profunda de la vida cotidiana de la ciudad. Según distintos registros difundidos a lo largo de los años, la inundación dejó alrededor de 62.000 evacuados y 130.000 afectados. Sobre las víctimas fatales, las cifras oficiales hablaron durante años de muertes directas, mientras que organizaciones de inundados y familiares sostienen que el número real asciende a 158 víctimas, incluyendo consecuencias posteriores físicas, psicológicas y sociales derivadas de la tragedia. A 23 años de aquel 29 de abril de 2003, el reclamo sigue vigente. Cada aniversario renueva el pedido de memoria, verdad y justicia, pero también la exigencia de prevención, mantenimiento de defensas, monitoreo hídrico, planificación urbana y sistemas de alerta eficaces para que Santa Fe no vuelva a atravesar una situación semejante. La inundación también dejó una marca profunda en escuelas, clubes, vecinales, iglesias, centros comunitarios, organizaciones sociales y en miles de vecinos que pusieron el cuerpo para ayudar. Durante la emergencia, muchos espacios se transformaron en centros de evacuación, asistencia y contención. Hubo manos anónimas cocinando, clasificando ropa, acercando colchones, medicamentos, alimentos y acompañando a quienes lo habían perdido todo. Y en medio de tanto dolor, Santa Fe también recibió una enorme muestra de solidaridad. Llegó ayuda desde distintos puntos de la provincia y del país: donaciones, camiones con mercadería, ropa, agua, elementos de limpieza, voluntarios, colectas y gestos que quedaron grabados en la memoria de quienes atravesaron aquellos días. En una ciudad partida por el agua, esa ayuda fue abrigo, alivio y esperanza. Con el paso de los años, el 29 de abril se transformó en una fecha de memoria colectiva. No solo para recordar el agua que entró a los barrios, sino también para preguntarse qué falló, qué responsabilidades hubo y qué aprendió —o debería haber aprendido— la ciudad frente al riesgo hídrico. Santa Fe recuerda a las víctimas, acompaña a los sobrevivientes y abraza a cada familia que todavía conserva en la memoria la marca del agua en la pared, la pérdida de una casa, la ausencia de un ser querido o el dolor de haber tenido que empezar de nuevo. Porque aunque pasaron los años, para muchos santafesinos aquel día sigue presente. Todavía se escucha el silencio de las casas vacías, todavía duele la imagen de los barrios bajo el agua y todavía parece sentirse el correr del Salado entre las piernas de quienes tuvieron que escapar sin mirar atrás. Porque el agua bajó, pero las marcas quedaron. Porque una ciudad que recuerda también exige. Y porque, como repiten los inundados desde hace más de dos décadas: la memoria no se inunda. Fuente_Infor Mate Santa Fe